Click-clock fue el ruido emitido por el revólver al soltar
el seguro
-
Dame un motivo para no volarte los sesos-
Exclamo Alexandra mientras apuntaba a la cabeza de Gustavo, pero este no se
dio por aludido y sin siquiera levantarse de sus asiento se limito a mover
los hombros en señal de que se daba por enterado y de que no le interesaba en
lo mas mínimo.
-
¿no tienes nada que decir? – insistió ella.
-
¿para que?- contrapreguntó aun dándole la espalda,
como si le regalara sus palabras al viento, solo para romper el silencio.
-
Te estoy dando una oportunidad de vivir, ¿Qué acaso
no te importa?
-
Si quisieras matarme, ya lo habrías hecho.
El sonido de un disparo resonó en las paredes como punto
final de un relato mal escrito. Alexandra cayó al piso herida por el peso de
sus propias acciones. Gustavo se levanto lentamente y guió sus movimientos
hasta posicionarse a su lado.
-
Débil hasta el final ¿verdad encanto? –
Pronuncio mientras se acuclillaba para acariciar su cabeza
-
¿de qué sirve de tener un arma si la disparas
contra el viento?- preguntó Gustavo con verdadera confusión
Solo sollozos fueron su respuesta.
-
Terminemos con esto- busco entre los bolsillos
de su pantalón y saco una navaja, aquel instrumento fiel que lo había servido
tantas veces, finalmente era la única compañera incapaz de abandonarlo, la
levanto un instante para que el frio brillo del sol se reflejara en su hoja y
con el impulso de la decisión la deslizo grácilmente por blanco cuello de
Alexandra, bañando levemente la nieve de ese tono carmesí que tanto le gustaba.
-
No todos podemos ser asesinos- exclamo con tristeza
mientras veía como lentamente se apagaba la chispa de vida dentro de los ojos
de su última víctima.
