viernes, 14 de febrero de 2014

Kafka en la orilla

            Cada libro es un mundo y leerlo nos permite alejarnos de nuestra relaida entre sus paginas, esto no es desconocido para ningún lector, como tampoco es desconocido que muy de vez en cuando resulta difícil o tedioso leer un libro y muchas otras resulta difícil soltarlo hasta llegar al final, pero muy de vez en cuando ocurre una cosa aun mas peculiar, un libro llega a una persona en el momento adecuado y cambia su vida.

En la escuela estudiando de la literatura me dijeron alguna vez que los escritores  escriben, valga la redundancia, para el lector ideal, un lector que comprenda los matices y las metáforas de la obra, un lector que asimile de forma adecuada aquello que el escritor quería trasmitir, pero también me enseñaron que muchas veces ese lector simplemente no existe. Yo personalmente nunca me he considerado un lector ideal no me creo con la capacidad de desentrañar los misterios tras las letras con tal destresa que merezca un titulo asi, pero hoy en espcial creo haber entendido un par de cosas de una obra que cambiaron mi forma de ver el mundo.

Hoy como muchas veces termine de leer un libro, el elegido como dice el titulo era Kafka en la orilla de Murakami, un libro que llego  mis manos de la forma precisa en el momento correcto y lo empecé a leer en cuanto pude, pues lo esperaba hace tiempo sin saber con certeza si es que algún dia llegaría.

Podría destacar las características de su trama con toda emoción, un joven de 15 años que se fuga de la casa, utilizando el siempre leal tema del viaje, podría destacar su estructura 2 líneas de personajes aparentemente distintas hasta pasada la mitad del libro, las similitudes de una profetica tragedia griega, la comunicación, las metáforas que se deslizan entre las paginas como detalles accesorios a la trama, los hechos descritos  de forma precisa concisa  sin marcas de pudor y sin llegar a ser grotescos simplemente hechos explicados con naturalidad una capacidad admirable dentro de la narrativa, podría dedicar variedad de líneas a comentar los giros de personajes y de narrador, las descripciones de los individuos y de los lugares. Así como podría comentar algunas de sus curiosidades como una línea cronológica estable que se complementaba por un segundo protagónico en una línea fluctuante,  produciendo interesantes alteraciones en el ritmo de la trama, y por supuesto el sin fin de agradables referencian que evidencia la gran cultura del autor.

Mas no me parece propio, pues más allá de la estructura, de la trama y de todos lo implementos accesorios a ella, lo que convierte a este libro en algo digno de leer, es la sensación que produce, es la confusión que genera y la asimilación que implica, supongo que así como no existe un lector ideal, cada cual está en su derecho de decir si le ha parecido un buen o mal libro, eso no está en mi resolverlo, a pesar que se me da mucho la crítica literaria, pero en esta ocasión me parece que hay en mi persona demasiadas implicancias que alterarían mi juicio, pues como dije este libro en mis manos no es solo un libro y en mi contexto personal es más que un mundo en el que se puede escapar un rato de la realidad, es para mi, la realidad en si misma entrelazada en una letra imprenta, es mi vida y mi situación, mi pasado, mi presente y mi futuro, es mi propio ser y aquellos que son parte de mi, y bueno cuando un libro al terminar puede dejarte esa sensación más allá del típico vacio tras haber acabado na trama, es simplemente digno de mención.


jueves, 12 de diciembre de 2013

Corazón a la carta

Se dice que antiguamente entre los pasillos perdidos del olvido se escondía un pequeño restaurante ante los ojos de todos pero invisible a la vista de la mayoría, solo algunos privilegiado podían encontrarlo y aún más escasos eran aquellos que podían probar algún plato de los allí preparados

Una tarde cualquiera, como ayer u hoy, un joven perdido sin intención de encontrarlo tropezó con aquel lugar, su aspecto aunque común y corriente llamó su atención y aun sin hambre entro presa de un deseo de acercarse a primera vista sin explicación, justificación ni mayor sentido.

El interior era pequeño, un simple salón redondo en cuyas paredes habían mas ventanas que ladrillos pero que sin embargo se iluminaba por una luz no proveniente del exterior ni de luz artificial, simplemente la luz perfecta, cálida tranquila que no encandila ni fuerza la vista sino que por el contrario da la perfecta comodidad. Al centro del salón se encontraba una única mesa también redonda, el joven impresionado por el lugar que pese a no ser ostentoso poseía un atractivo singular, se acercó a la mesa, se sentó en una de las sillas y cerró los ojos para escuchar la música de un clavecín que invadía el ambiente, una melodía capaz de describir con sonidos aquellas cosas que las palabras son incapaces de expresar.

-          Bienvenido al “Alma” ¿Qué le puedo ofrecer? -  preguntó un mesero, aparentemente materializado en el aire en cuyo uniforme se leía con letras doradas su nombre, Wert.
-          Sírvame lo mejor que tenga – respondió el joven sorprendido por la intromisión, cautivado por el ambiente, fascinado por la maravilla he intentado simplemente no romper la magia.

El chef escuchó la petición y en un instante preparo el majar más preciado sin dudarlo ni una vez, puso el corazón en el plato y lo sirvió con la mejor presentación, aun así  pese a los cubiertos de plata y el plato pulcro sigue siendo el mismo corazón de siempre, con las heridas, cicatrices y marcas de una vida corriendo riesgos, el mismo espíritu que se había quebrado y reconstruido tantas veces que inevitablemente compartía una apariencia similar a la creación del Doctor Víctor F, y así lo sirvió como lo único que puedo poner en la mesa ante semejante petición, rezando en su interior porque no lo devolviesen a la cocina y abandonasen el salón.

Wert puso la comida sobre la mesa con una sonrisa en los labios ocultado su nerviosismo y temor, el joven comensal por su parte mira el plato sorprendido, lo examina, lo rosa, eligiendo la mejor zona, entonces con mano decidida le corta un trozo para probarlo, lo saborea y lo degusta incluso parece disfrutarlo, incluso parece apreciarlo. Un brillo de esperanza se posa en los ojos del mesero entonces el joven traga con dificultad y vuelve a mirar su comida cambiando completamente el semblante en su rostro, algo en el carmín latiente no le satisface, demasiadas marcas, demasiadas heridas, demasiado desagradable a la vista.

-          ¿Cómo pueden servirme algo en este estado?- le pregunta a Wert con evidente enfado - esto esta incomible, nadie podría tragarlo – agrego con la frialdad de la inconciencia en su voz.
El pobre mesero se desvive en escusas que parecen insuficientes, finalmente cansado de las quejas, cociente que nada de lo que diga podrá calmar a su comensal,  escapa llamando al cocinero, esto simplemente escapaba a su juridiccion.

Al instante el chef principal, el único en este humilde lugar cruza la puerta que separa la cocina del pequeño salón con su inmaculado traje blanco, con los brazos cruzados y la sombra de las heridas en su mirada. Camina recto sin que ninguno de sus músculos demuestre el menor titubeo y se acerca al comensal, quien no tardo ni un minuto en explicar agresivamente su parecer, reclamando forma, color y estado de su plato, sin la menor alteración el chef toma los cubiertos, y gira el corazón plagado de cicatrices, un poco de sangre aún caliente escapa del vacío que produjo el joven al saborear la carne.

-          Este es el plato más valioso de la carta, sin aderezos que oculten su sabor original, sin acompañamientos que amortigüen el paladar, simplemente carne bien preparada sin grasa ni aceite que le puedan dañar, inofensiva y desprotegida ante usted - exclamó el cocinero mirando su obra con dolor.
-          No es suficiente para mi, no es lo que quiero -  respondió el comensal.

No se necesitaron más palabras, el chef se inclinó para recoger el plato al tiempo que su propio pecho abandonaba la blancura y se manchaba con el brillo rubí, levantó su obra y se voltio sin mirar atrás, en la oscuridad de la cocina donde siempre había pertenecido tomó la carne con sus manos y con una fiel aguja que guardaba siempre en su bolsillo empezó a cocer la nueva herida con toda la pericia que le permitían sus temblorosas manos, una nueva marca, un nuevo desprecio, otro simple día en su vida, abrió su delantal e introdujo cuidadosamente el corazón en el enorme hueco en su pecho, los tejidos se unieron reconociéndose y las lágrimas volvieron a brotar por sus ojos manifestando patentemente que al presentar el corazón siempre existe el riesgo del dolo, pero no puede acabar así, se puso de pie y volvió a prender la estufa, “hay que seguir viviendo, o al menos sobreviviendo” se recordó a si mismo mientras se lavaba las manos y se ponía a trabajar.


El salón por su parte se oscurecido de un segundo a otro al desparecer el brillo del cocinero y en un pestañeo todo despareció, el joven incapaz de comprender lo que había vivido regresó a buscar el “Alma” muchas veces pero nunca volvió a dar con él, finalmente se convenció de que era un sueño, nadie en su sano juicio hubiera servido su propio corazón. Simplemente no podía ser real por lo que cada tarde al pasar frente al espacio que debía llenar el local, se tomaba un par de segundos en pesar, “fue una alucinación un poco de leyenda, nada más”.



domingo, 20 de octubre de 2013

Paciencia

No todas las palabras están dichas
Ni todos los destinos están sellados
No todas las historias están escritas
Ni todo pasado es olvidado


Aún vivo un sueño del que no he despertado
Si miraras en mis ojos lo que buscas en mis manos
Notarias que aun espero que te sientes a mi lado

No todos los caminos fueron recorridos
Ni todas las puertas se encuentran abiertas
No todos los recuerdos son amados
Nadie escucha las palabras sueltas

Aun te hablo en las miradas que no fueron encontradas
Si dijera lo que escribo o escucharas lo que canto
Rompería en un sonido todo silencio pasado


No toda distancia es eterna
Ni todo tiempo es recorrible
No toda caricia es tangible
Ni toda sonrisa es un llamado


Aun espero que recuerdes que me encuentro aquí esperando
Si palparas en mi pecho los latidos provocados por tus manos
Notarias que te extraño mucho más de lo pensado.