El cielo se cierra producto de
los edificios que esconden su brillo, en la cotidianidad citadina es difícil no
sentir el deseo de escapar cada cierto tiempo, quizás un lunes no sea el
momento más indicado pensó Jake aquella
mañana, por lo que continuó caminando por los adoquines de New York, sintiendo
la brisa golpearle la cara, manteniendo el calor de su cuerpo con un poco de
café. Se aproximaba un tedioso día en la oficina que el supuesto descanso de
fin de semana no era capaz de opacar.
Seis de la tarde en punto, el
trabajo desapareció las horas en su
monotonía y al terminar el dia la luz entraba por la ventana de su oficina con
la misma intensidad que cuando abrió la puerta al entrar, “no puedo con esto”
se dijo en su mente, tomó su abrigo y abandonó el edificio sin despedirse de
nadie, sin que nadie notara su partida. Recorrió las calles a toda velocidad en
su auto pero el aire no lograba llenar sus pulmones, “quizás debí caminar”
pensó mientras cruzaba el limite urbano de la ciudad, ya no tenía sentido
pensarlo tanto.
Subió a uno de los escasos cerros
que rodeaban la ciudad y se introdujo en
uno de los no muy conocidos miradores, el lugar estaba desierto, detuvo el
motor y espero a que el sonido de la maquina desapareciera de sus oídos, que
solitario se sentía en aquella poblada ciudad, pronto la estreches del vehículo
comenzó a agobiarle, abrió la ventana, pero no fue suficiente por lo que se vio
obligado a descender. Caminar sobre sus propias piernas le devolvió la
autonomía una vez olvidada, caminó lentamente disfrutando cada paso, apoyó su
cuerpo sobre el barandal de seguridad y observo la ciudad con unos ojos que
nunca tuvo, las luces bailaban frente a sus pupilas lejanas recordándole la
infinidad de personas que compartían la vida a su lado sin que lo notara, sin
que le importaran y sin que él les importara a ellos.
Era un barandal delgado de no más
de 8 cm, de ancho sin embargo, presa de un impulso, Jake se encaramo e irguió
sobre él y aprovechando un equilibrio que se desconocía se posiciono frente a
la vista con toda comodidad, con más facilidad que si se parara de pie en
tierra firme. Por un instante miro directo hacia sus pies, como en la mayoría
de los miradores de esa ciudad junto a la barrera de seguridad se encontraba
una empinada quebrada, al menos unos cincuenta metros de tierra desnivelada
plagada de rocas sueltas e irregulares, una muerte segura. Jake alzó la mirada
sin siquiera considerar el riesgo de sus acciones, la ciudad seguía frente a
él, incandescente y oscura al mismo tiempo, llena de personas y al mismo tiempo
cubierta de individuales soledades, el
joven levanto los brazos y por un momento que pareció eterno se sintió un ave
incapaz de volar, quiso lanzarse al vacío pues la inmovilidad lo ahogaba, aun
buscaba aire para poder respirar.
Un sonido desvió sus
pensamientos, su móvil sonaba en el momento preciso para demorar su
pensamiento, busco entre sus bolsillo y contesto sin mirar el número.
-
¿Aló?-
saludó de forma inerte.
-
¿Jake? Hola amor.
-
Hola
cielo, ¿Cómo estás? – respondió el joven
al reconocer la voz de su novia.
-
-Bien
¿y tú?
-
Bien –
respondió de forma mecánica sin estar seguro de la veracidad de sus palabras.
-
Sé que hemos estado algo distanciados –
comenzó ella y espero un par de segundo algún comentario, al no tenerlo
continuo - solo quiera decirte, que te
extraño, en serio te extraño y te quiero mucho.
Silencio
-
Bueno
no quiero molestarte más, de seguro estas ocupado, que tengas buenas noches
amor
-
Cielo…
-
¿sí?
-
…También
te quiero
-
Lo sé – era extraño pero aun por teléfono
podría percibir la sonrisa en el rostro de Jake
-
Buenas
noches Linda
-
Buenas
noches
La comunicación se cortó y Jake
volvió a encontrarse solo en el mirador frente a la ciudad, de pie en un
delgado barandal, pero esta vez inclino
la nuca y pudo ver un cielo estrellado, normalmente borrado por la
contaminación lumínica, observó los astros aun con la sonrisa en sus labios y
el móvil en su mano, seguía tan solo como hace 15 minutos, pero ya no se sentía
igual, bajo ese mismo cielo que cobijaba a toda la humanidad había una persona
que pensaba en él, tal como él pensaba en ella y en su corazón eso era
suficiente para poder latir y respirar el aire que entraba a su cuerpo.
En un extraordinario movimiento
de equilibrio se giró usando una pierna como eje y quedando con el rostro
frente a su auto pero sin perder de vista el cosmos ni por un momento. El
cuello empezaba a dolerle por la posición y la brisa le helaba las orejas. Jake
miro las ciudad de soslayo por ultima vez, guardo el móvil en su bolsillo y descendió
a tierra de un salto, amortiguando la ciada con una flexión de rodillas.
“todo
vale la pena” se dijo en un susurro a si mismo mientras subía
a su vehículo y regresaba a la monótona
cotidianidad, que por esta noche dejaba de ser cotidiana.
Inspirado en la canción “one last
breath” de Creed
