“Pásame
la leche cielo”
La frase resuena en el aire enmascarando una
orden con una petición, endulzando las palabras con aquel sobrenombre que dejo
de tener una connotación afectiva y se convirtió simplemente en uno de los tantos arcaísmos
perdidos de lo que fue un gran amor, hoy simplemente muestra de la costumbre en
la cotidianidad que devora los días.
-
Pásame
la Leche, Cielo- repitió Camila mirando
la caja que se encontraba justo del otro lado de la mesa, ciertamente podría estirarse
para alcanzarla pero no estaba de humor para ello.
-
Esteban
– exclamó perdiendo la paciencia,
-
¿Sí?
– preguntó el aludido escapando por primera vez de sus pensamientos internos a
lo largo de esta mañana.
-
Que
me pases la leche- ordeno molesta.
Acto seguido Esteban tomo la caja
de rectangular y la dejo unos pocos centímetros más cerca de Camila, aun lo
bastante lejana para poder tomarla sin estirarla.
-
¿es
broma?- pregunto la afectada.
-
¿Qué
cosa?
-
Si
no querías pasármela, solo tenías que decirlo.
-
¿Por
qué tienes que ser tan buena para reclamar?
-
No
es cosa mía, tu eres el que no coopera en nada.
Esteban se detuvo un momento
antes de contestar para mirar a su mujer por encima de sus lentes de marco grueso,
era la misma persona con quien había compartido sus días los últimos tres años,
la misma persona que veía cada mañana, y con la que tenía la misma discusión cada
cierto tiempo pero aun aquella confrontación se había vuelto fría. Camila lucia
frente a él estoica inamovible, su ondulado cabello castaño no se despeinaba en lo más mínimo ante sus fingidos accesos de
emoción, sus delgados labios no se fruncían como ocurría cuando algo realmente
le molestaba.
-
¿Qué
quieres de mi Camilla?
-
No
te hagas el buen samaritano, solo te estoy pidiendo un poco de colaboración
-
Trabajo
todo el día, estoy al tanto de que no te falta nada, te acompaño y te consiento,
sabes que he dejado todo por ti
-
¿crees
que yo no he hecho nada? – preguntó retóricamente- vamos no era necesario que tirarte al piso a llorar solo te estaba
pidiendo al leche- exclamo mientras se levantaba de la mesa con ademan ofendido
-
No
vas a desayunar – preguntó Esteban
-
No
tengo hambre
-
Como
quieras – exclamo indifernte.
Camila miro a esteban, ahí con la
mirada baja, tras una taza de café se encontraba el hombre con quien había compartido
sus noches aquel que se encontraba a su lado en el despertar de cada mañana,
aquel que nunca había dado grandes motivos de queja pero tampoco de alabanza,
el hombre que había elegido y al que estaba acostumbrada pero que simplemente
no se sentía tan bien a su lado.
-
¿Por
qué eres tan frio?
-
¿Por
qué eres tan manipuladora?
Las palabras se cruzaron entre
miradas tan conocidas que era difícil diferenciar si realmente habían sido
pronunciadas o simplemente se interpretaban a través de los ojos. Era una discusión
de nunca acabar que volvía a comenzar, es cierto su vida era tranquila y realmente
no había intención suficiente de modificarla, pero entre las discusiones de
cada mañana y los abrazos culposos de cada noche ambos sabían que no era
suficiente.
La discusión se prolongó un poco más
que lo acostumbrado, empezaban a desgastarse con cada palabra
- ¿Cuál es tu problema? – Pregunto
Camila finalmente – ¿me quieres?
- Si - respondió Esteban de forma automática
-
¿entonces?
-
Es
solo que no quiero seguir así
-
Entonces
es todo.
Esta vez Esteban no tuvo la
suficiente energía par a continuar, tomo su maletín y se marchó a trabajar, con
la inquietante esperanza de que esta fuera solo una discusión más y que al volver
a asa todo sería como siempre, pero en el fondo sabía que no era así, retardo
su vuelta a casa prolongando la espera de lo inevitable. Al volver aquella
noche supo al ver los ojos de Camila que esta vez todo había terminado.
Una vez el punto final estuvo firmado
y no había nada más que hacer, volviendo a clama u secando las lágrimas, Camila
se sentó en la cama y converso con su compañero como lo había hecho tantas
veces antes de ser pareja, como lo había hecho cuando eran amigos.
Es curioso – comenzó a decir- la
gente piensa que las relaciones terminan por infidelidades, por falta de sexo,
por mil y una cosa pero la verdad es que terminan por cosas tan simples como discusiones
por la leche.
-
Tampoco
es que tuviéramos mucho sexo. respondió Esteban con una sonrisa cómplice
-
Quizás
debimos dejarlo antes- respondió ella con una risita mientras dejaba escapar un
par de lágrimas.
-
Sabes
tienes razón- apoyo el hombre mientras se acercaba y secaba las lágrimas de su
compañera con sus manos, un acto tan arraigado que le resultaba imposible renunciar a el - lo cierto es que las discusiones por cosas
como la leche terminan relaciones, pues cuando llegas al punto que eso te
importa lo bastante para reclamarlo y no lo suficiente para hacer algo al
respecto, la relación simplemente está perdida.
Ambos
se miraron a los ojos y entre lágrimas se abrazaron por última vez sabiendo que
este era el final.
