¿Es tan cruel desear
sentir el calor de sus brazos cuando me encuentro sin amparo? ¿es tan malo
pedirle al cielo que me vea en sus sueño?, es tan absurdo, seguir esperando que
vuelva a cruzar el umbral de la puerta cuando ya hace tantos años que se fue,
sin embargo sigo aquí en el mismo lugar, como si no pudiera salir de estas
cuatro paredes, lo cierto es que nunca lo he intentado, porque no me interesa,
ni me importa, me obligo a mi mismo a creer que volverá porque en el fondo de
mis entrañas sé muy bien que si sucumbo a la desolación del abandono estaré
muerto, aunque quizás ya lo estoy, mi vida hace mucho a perdido sentido, ¿mi
vida? ¿Es posible que aun tenga el descaro de llamar a esta existencia vida?,
lo es, constantemente me miento a mi mismo porque no hay nada mas que pueda
hacer.
A veces el sol
entra por aquella pequeña ventana sobre la cabecera de mi lecho, esa misma que
mi familia se sorprendió tanto que mandara a construir, como si fuera la cosa
mas inusual de la vida. A veces el sol entra por aquella ventana, ilumina mis
paredes de cemento descubierto y deja que el calor vuelva a tocar mis huesos,
entonces vuelvo a sentir que estas aquí, que me amas y me buscas, vuelvo a
sentir el aroma de las rosas que te compraba cada domingo antes que
despertaras, vuelvo a ver tu sonrisa y tu mirada incapaz de mirar a otro. Lamentablemente
no tarda en caer la noche y el frio me recuerda la realidad. La niebla entra
por la fría puerta de hierro que cella mi
habitación y las paredes empiezan a volverse estrechas, estoy solo siempre he
estado solo y siempre estaré solo, lo sé pero me niego a aceptarlo, cada noche
la desesperación se apodera de mí, no duermo, hay días en que la existencia me
supera, pero no hay en todo mi espacio un filo que me devuelva las sensaciones
y me ayude a hacer más llevaderos los minutos, aunque aquello no me impide
volver a sangrar.
Un ruido me
distrae de los pensamientos, la puerta se abre y para mi sorpresa eres tú,
te esperado por tanto tiempo, tanto
que muchas veces alucine tu presencia,
así tal cual como estas ahora con tu porte fuerte y tu vestido negro, si tu
vestido negro, es curioso, porque siempre lo odie, te veías tan lúgubre con él,
tan seria que hasta tu dulce rostro se lograba endurecer, no me gustaba antes y
no me gusta ahora, pero qué más da, estoy tan feliz de verte que cruzo
aceleradamente esos tres metros que nos separan, pero tú no haces atisbo de
recibirme.
-Lucia- te llamo, pero no hay
respuesta, me ignoras, como lo has hecho tantos años- Lucia, Lucia ¿por qué
rayos vuelves si no me hablas?
Entonces lo
noto, no vienes sola otra figura solitaria te acompaña, la ira sube a mi cabeza
y me abalanzo para asentarle un buen golpe a ese que imagino será tu nuevo
amante, pero me detengo en el momento justo.
-¿María? – pregunto sorprendido,
es tan raro verlas juntas nunca se llevaron bien, está tan cambiada, no la veía
desde que nos casamos, pues había jurado no pisar nuestra casa ni volver a
hablarme mientras viviera contigo.
- aun no me convenzo Lucia- exclama
mi hermana
Entonces una
teoría digna de un maniaco cruza por mi mente, mi hermana ella lo hizo, no sé cómo
no sé porque, pero es la única que pudo estar interesada en que Lucia me
abandonara y ahora viene a cerciorarse de que sin importar los años su obra fue
efectiva.
- - Es lo mejor María, esto no puede seguir así –
exclama Lucia mientras las lagrimas escapan de sus ojos
- -¿Qué le dijiste María?- increpo a mi hermana,
pero no hay respuesta, ella también me ignora todos me ignoran, las cosas no
cambian a pesar de los años independiente si es necesario o no mi opinión siempre ha sido pasada por alto.
- - Sabes siempre te odie – exclama María
dirigiéndose a Lucia
- -No hace falta que lo digas
- - Lo sé, es solo que por mucho tiempo te desprecie y te culpe de lo
ocurrido pero hoy cuando ya han pasado más de 3 años te miro y sé que nadie
hubiera amado a Iván como lo haces tú.
-
¿de qué están hablando? – pregunto sin ser capaz
de comprender
De súbito un
par de hombres desconocidos entran a mi habitación y sin previo aviso me sacan
de mi alcoba, siento como la luz me ciega, suceso esperado considerando todo el
tiempo que llvao sin exponerme directamente al brillo del sol, en consecuencia
caigo al piso desorientado
-
- Esto es un sacrilegio – exclama María
- - Déjame llevármelo a un campo
- - Sabes que no puedo impedírtelo, ya mi madre y
mis hermanos te autorizaron para hacer lo que quisieras – respondió algo
irritada
- - Mira tengo algo que te gustara – la llama Lucia
Juntas caminan
hacia un rincón, es fácil notar la sonrisa de orgullo en mi hermana, esa misma
sonrisa que se dibujaba en su rostro cada vez que lograba reunir a todo la
familia, algo difícil siendo doce hermanos, curioso y aun desorientado me
acerco a ellas para compartir la vista entonces lo veo, una enorme lamina de
mármol gruesa donde se dibuja la espada y el Lirio símbolo ancestral de mi
familia, las palabras grabadas en la placa se graban en mi mente como si yo
fuera el mármol siendo grabado por un cincel.
Lucia toca la
superficie de las letras con sus dedos mientras vuelve a llenar sus ojos de sal
y María la abraza, por primera vez en tanto tiempo lo comprendo todo, tu no me
dejaste, yo te abandone.
Me miro a mi
mismo vestido con mi mejor traje, me siento reclinado sobre la madera, huelo el
aroma de la tierra calándose entre las rendijas y repaso las palabras en mi
mente recordando como lloraste sobre mi cuerpo ensangrentado perfectamente automutilado.
Ahora recuerdo que es mi culpa pero aun así no soy capaz de decirlo.
… lo siento.

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